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Beneficios de la comunicación

La forma en que nos comunicamos ha ido cambiando a lo largo de la historia y con ello también las funciones o beneficios que nos proporciona dicha acción. Este proceso ha estado influenciado por la evolución psíquica que hemos experimentado dando lugar al desarrollo de nuevas necesidades y nuevos estilos relacionales.

La comunicación está en todas las especies animales, va implícito en la vida, está en todos los lugares y es imposible no comunicar. En nuestro caso, se ha perfeccionado cada vez más, desde la creación de símbolos lingüísticos en la prehistoria hasta el contexto actual, donde la comunicación ha tomado formas más veloces y complejas con nuestros dispositivos de última generación.

Hoy día, tenemos exceso de información, nos movemos como autómatas en nuestras rutinas viviendo rápido, desconectados del presente y asumiendo numerosas responsabilidades. Además, somos esclavos de un sinfín de creencias y prejuicios de los que a menudo no somos conscientes. Por otro lado, en las últimas décadas, hemos estado inmersos en un paradigma de consumo, bajo una potente influencia tecnológica y a la vez con cierto grado de “deshumanización” dando más valor a lo superficial y material que a lo esencial y puro. Esto, junto con muchas otras características de la sociedad actual, hace que la comunicación eficaz sea de especial relevancia y cubra necesidades que en el pasado no existían.  

Con este panorama, a menudo nos comunicamos mal, rápido, superficialmente y sin percatarnos de los resultados de dicha comunicación. Si ponemos consciencia a nuestra forma de comunicar y desarrollamos o reaprendemos las habilidades necesarias, seremos capaces de obtener muchos beneficios y cubrir ciertas carencias emocionales y psicológicas que tenemos; ayudándonos a obtener mayor bienestar.   

¿Qué gano comunicándome?

El ser humano es un ser social, necesita, ahora más que nunca, sentirse conectado con los demás, acompañado, integrado, reconocido y escuchado. Muy a menudo no nos escuchamos ni a nosotr@s  y mucho menos sabemos escuchar a los demás. Escuchar de verdad, sin prejuicio, con atención plena y presencia, no es una habilidad tan sencilla ni común como podría parecer. La principal función de la comunicación es ésta, sentir que no estás solo, que puedes compartir lo que te sucede y lo que sientes, que al otro también le sucede lo mismo, y que tienes tu lugar y formas parte de algo más grande. Algo simple pero a la vez difícil, por el ritmo y los malos hábitos que hemos adquirido.

Muy a menudo, cuando decimos: “para que voy a hablar con el/ella si no lo va a entender” “no servirá de nada que se lo diga” reducimos el acto de comunicar a un solo objetivo: llegar a acuerdos, entendernos o conseguir tomar una decisión conjunta. Aunque ésta es una función importante y adaptativa para vivir en sociedad, no es, ni mucho menos la única ni la más relevante.

Debemos entender que la comunicación puede cubrir muchas otras funciones, no solo interpersonales; cómo la que acabamos de nombrar; sino intrapersonales. Éstas últimas son muy importantes para la salud psíquica y emocional de los seres humanos.

No solo nos comunicamos con los demás, sino que usamos el lenguaje para comunicarnos con nosotr@s mism@s. Nuestra voz interior nos influye constantemente en cómo nos sentimos y qué comportamiento tomamos. Esta voz interior, debe tener contacto y coherencia con la externa, es decir, lo que expresamos o mostramos a los demás; sino, corremos el riesgo de entrar en disonancia y contradicción y sufrir las consecuencias, entre ellas el sentirnos desconectad@s llegando a no saber ni quién somos.

Así pues, comunicar lo que pensamos, sentimos…nos permite ser coherentes dando lugar a nuestra voz interior; nos permite conocernos mejor, conectar y ser más conscientes de nuestra forma de pensar, funcionar, sentir, actuar…, aceptarnos y darnos permiso para el cambio si así lo decidimos, tomando decisiones más adaptativas con más seguridad.

También, exteriorizando esta voz interior, marcamos nuestro espacio en la relación y en la sociedad, marcamos nuestro rol y nos valoramos. Expresando, permitimos que salgan nuestras ideas, creencias, sentimientos, nos juzgamos menos y confiamos más, dando un lugar fuera a lo que nos pasa por dentro. Afecta pues, directamente nuestra autoestima y amor propio.

Otra función intrapersonal de la comunicación, es ayudar a digerir situaciones difíciles y dolorosas, hacerles frente y no permitir que se bloqueen creando más sufrimiento. Hablar de lo que nos sucede y de cómo lo vivimos potencia la capacidad de poner en marcha los recursos para la aceptación y adaptación a lo sucedido. Por ejemplo, facilita que podamos tomar distancia, organizar la información y ver otros puntos de vista, sentir que es más llevadero, desidentificarte con las emociones negativas, valorar la dimensión de la situación, sacar aprendizajes…además de ayudarnos a ver las implicaciones de lo sucedido para poder atender las nuevas necesidades, internas o externas.

Comunicar emociones, nos ayuda a canalizarlas y gestionarlas, por ejemplo sintiéndonos aliviados y descargados en emociones desagradables y más satisfechos y reconocidos en emociones agradables. A veces, permitirte, tomar contacto y aceptar ciertos sentimientos o emociones no es fácil, pero necesario para la superación y adaptación a lo acontecido; comunicarlo nos ayuda, incluso para perdonarnos por haber sentido o pensado de cierta forma.

Son muchísimas las funciones interpersonales de una comunicación eficaz, a continuación nombro algunas que considero relevantes:

-Compartir para aumentar placer y satisfacción en las relaciones.

-Llegar a acuerdos y tomar decisiones conjuntas, funcionar en proyectos comunes.

-Que nos conozcan y con esto nos sintamos, cómodos, respetados, valorados, reconocidos…dentro de la relación o del grupo.

-Dar y recibir información para crecer y aprender.

-Determinar el tipo de relación que queremos, marcar límites y necesidades relacionales.  

-La comunicación emocional facilita sentimientos de empatía, complicidad, unión y amor con el otro.

-Pedir y ofrecer ayuda, favoreciendo sentimientos anteriores, además del de utilidad y agradecimiento.

-Conseguir objetivos concretos, apoyos, mayor compromiso y motivación.

-etc.

En conclusión, la comunicación eficaz es un PUNTO clave para que funcionen y se fortalezcan nuestras relaciones pero también lo es para adaptarnos, atendernos y sentirnos bien. La comunicación eficaz nos da consciencia y nuevas visiones de nosotr@s, de los otros y del mundo, nos ayuda a cambiar, aprender y evolucionar. Es a través de los intercambios que crecemos, y la comunicación (lenguaje verbal y no verbal) nos permite este intercambio en la relación con los demás y en la relación con nuestro Yo, con nuestra esencia.

Gemma Vidó, Psicóloga Integradora.

PODCAST “CRECER ESCUCHÁNDOME”

Un espacio de análisis i reflexión sobre frases que escuchamos y decimos a diario.

Aquí puedes tomar consciencia del poder y el impacto que tienen las palabras en tu vida.

“CRECER ESCUHÁNDOME” nace con la intención de invitarte a una introspección observando tu lenguaje y como te comunicas.

El objetivo es ofrecerte un canal para mejorar la comunicación contigo y con los demás, revisar y ampliar tus creencias, y favorecer tu autoestima y bienestar.

Sònia i Gemma te acompañan en este camino.

Reflexión sobre el perdón

El perdón es un concepto que, durante mucho tiempo, nos ha venido explicado desde la religión como una acción necesaria para ganarnos el cielo y ser buenas personas. Nos enseñaron, por ejemplo, que aprender a perdonar es una habilidad que nos ayuda a trascender esta vida con más paz. Sin hacer un análisis profundo, se ha entendido que perdonar es poco más que olvidar, haciendo un gesto de solidaridad y hacer como si el hecho no hubiera pasado. Se ha entendido el perdón cómo un acto de amor hacia al otro, nada más lejos de la realidad.

Pero…, ¿Esta visión del perdón nos ayuda? Des de un punto de vista psicológico, ¿Cómo podemos entender el perdón para que nos sea útil? ¿Qué funciones o beneficios tiene? ¿Qué quiere decir realmente perdonar para qué nos pueda liberar de verdad?

En el presente artículo, pretendo profundizar en el concepto, dando un poco de luz a estas preguntas y facilitando que reflexiones sobre el tema y te pueda ayudar a cambiar tu percepción si así lo deseas.

Quiero clarificar que, entenderlo de una forma u otra nos va a influenciar en la manera de percibir el dolor de traición, de relacionarnos con los demás cuando este dolor se produce y en la gestión de las emociones asociadas cómo la decepción, la rabia, frustración, ira, venganza, impotencia…

Ya es sabido, pero he podido experimentar a lo largo de estos años, que las personas que no han perdonado algo importante para ellas, a otra persona e incluso a la vida, a menudo, les ha quedado una herida abierta, a veces tan profunda que esto no les ha permitido conseguir la libertad de decisión, la tranquilidad del día a día o simplemente la resolución eficaz en los obstáculos que nos propone continuamente la vida.

PERDONAR ES CERRAR UNA HERIDA y, necesitamos tiempo para ello, y sin duda habilidades que no se suelen tener en cuenta y que no todo el mundo desarrolla. Por ello es importante, ser honestos y aceptar que, cuando todavía hay mucho dolor y no podemos tomar distancia, no estamos preparados para perdonar de verdad y que quizás necesitamos ayuda. Debemos permitirnos ese tiempo y espacio.

Hay una frase, muy extendida que seguro has oído antes: “Perdono, pero no olvido”. Desde mi punto de vista, generalmente detrás de esta frase hay una negación al dejar de resentir, es decir, hay una intención de perdonar, pero una incapacidad de dejar de sentir el dolor de traición, e incluso no quererlo olvidar para autoprotegerme en un futuro, cómo un mecanismo de defensa. Des de esta posición, esto NO es perdonar ni sanar la herida.

Por otro lado, si nos ceñimos a la frase literal y no le damos esta connotación, es un mensaje útil y sano. Me explico.

Perdonar no significa obviar todo lo que ha sucedido, de hecho, todo lo que nos sucede debe ayudarnos a aprender y reconducir nuestro camino. Entonces una experiencia de “traición” dónde se produce un dolor significativo, una herida, debe servir para aprender y cambiar ciertas cosas, muchas veces de nosotr@s o a veces de la relación. Una vez que perdonamos, seguramente será útil cambiar parte de nuestra actitud o comportamiento en coherencia a lo aprendido, dando un nuevo sentido al dolor vivido.

Por ejemplo, puedo sentirme traicionad@ por una amistad de toda la vida, en algo muy importante para mí. Perdonarla no significa que deba tener la misma relación que tenia antes de la experiencia dolorosa, ni significa que siga siendo mi amig@. Quizás entiendo que la experiencia me ha hecho ver que la relación, tal y como era, había llegado a su fin y esto hace que haya un distanciamiento y cambie todo. Pero eso si, PERDONAR es curar la herida. No cabe el resentimiento, sino no habré perdonado de verdad. Por lo que, puedo no olvidar la existencia de la experiencia, porque esta me hizo cambiar la percepción y el rumbo de la relación, ayudándome a avanzar en el camino, pero si puedo olvidar (trascender) el dolor y conseguir interpretar la experiencia de otra manera.

Hay personas que, después de haver creado una familia, se han sentido traicionadas por su pareja, se han separado y después de algún tiempo han conseguido sanar sus heridas. Han podido perdonar de verdad y han logrado tener una relación distinta, satisfactoria y sin resentimiento; más sana y útil también para los hijos.

Entre las habilidades que requiere saber perdonar se encuentran la empatía, el transitar (no bloquear) el dolor sentido, la honestidad con uno mism@, el permitirse compartirlo y gestionarlo, el saber reconocer parte de responsabilidad, el relativizar, la comprensión, entender i aceptar que todos cometemos errores, la flexibilidad, permitirnos escuchar y cambiar de opinión… Pero también es necesario entender el PERDÓN como una forma de ayudarme a mi, curarme la herida, evolucionar y encontrar la paz interior.

Perdonar al otro es también perdonarme a mí, es un acto de autoaceptación y amor propio. Cuando algo nos genera una herida muy grande, de traición, es porque en nosotros hay una sensibilidad a ello, una expectativa, unos juicios o creencias de cómo deben ser las cosas… Esto nos da la oportunidad de indagar y preguntarnos porque aquello nos ha hecho tanto daño. De esta manera podemos conocernos mejor y quizás hacer algunos cambios en nuestro beneficio para adaptarnos y sentirnos bien. Cuando aprovechamos el dolor como vehículo de transformación es un acto de amor y una magnífica oportunidad para mirar hacia adentro, crecer y evolucionar.

Por otro lado, es muy probable, que descubramos que lo que consideramos “traición” es alguna actitud que no aceptamos en nosotr@s mism@s, lo que escondemos y reprimimos en la sombra… Hay que tener en cuenta que en nosotr@s esta el TODO, blanco y negro, bueno y malo, agresividad y tranquilidad… Voy a poner un ejemplo.

Pongamos que mi pareja me es infiel. Evidentemente, es muy probable que yo no acepte esto y me provoque un gran dolor de traición. Pero cuando yo PERDONE de verdad, al margen que deje la relación y haga todos los cambios que crea necesarios, entenderé y aceptaré que yo me estaba siendo infiel a mi misma en otro aspecto de la vida, o que también yo podía serle infiel. Hasta me puedo encontrar en una situación dónde me sienta tentada y lo acabe haciendo. Es aceptar que soy humana y tengo todas las opciones en mi: las que están bien vistas y las que no me gustan tanto o no me identifico. Ser flexible también es ser libre para decidir, aceptar y reconocer en nosotr@s todas las posibilidades.

En conclusión, perdonar solo para que el otro se libere no es un acto de perdón sano, es un acto de sacrificio y un perdón ficticio. Si no encontramos el sentido más profundo de la experiencia no nos podemos curar la herida, que es el principal beneficio del perdón.

Si esta es nuestra tendencia, forzarnos a perdonar para que el otro se sienta mejor, este acto no será más que una carga a largo plazo. El perdón sano debe venir de una intención real interna de ayudarnos, autoestimarnos y seguir avanzando.

Cuando somos conscientes que nosotr@s hemos provocado un dolor ajeno, y nos sentimos culpables, pedir perdón nos puede ayudar, pero lo más importante es perdonarnos nosotr@s mism@s y trabajar la culpa. Aunque este ya es un tema que puede dar lugar a reflexión en otro artículo. 

Gemma Vidó Psicòloga Integradora col.16184

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Quan perdem algú que estimem, el dolor de la pèrdua és molt intens i bloquejant. Cada cas és diferent, però el suport professional i compartir l’experiència amb altres persones que estan passant pel mateix (sota una supervisió professional) ens facilita, a tots, poder gestionar les emocions associades i evitar que s’instal.li el patiment. Si neguem, no connectem amb aquest dolor o el mantenim present tot el temps, serà difícil transitar bé el procés de dol i això passarà factura tard o d’hora.

En les trobades, ens permetem expressar la nostra experiència lliurement, sense judicis ni por a fer patir a l’altre, amb consciència i en un entorn protegit, segur i empàtic. Reprenem un nou significat a la nostra vida i a l’experiència viscuda amb l’ésser estimat. Es proposen exercicis i pautes d’ajuda per seguir endavant i recuperar el sentit vital.

Demana informació sense compromís.

Ens trobarem l’últim dimecres de cada mes.

Gemma Vidó 630962894

Las oportunidades del confinamiento en la crisis del Coronavirus

Cualquier crisis, nos invita a salir de nuestra zona de confort, provocando, en individuos sanos psicológicamente, mayor consciencia sobre la situación y la movilización de recursos para hacerle frente, generando aprendizaje y una nueva adaptación. Así que, las crisis siempre son una oportunidad de aprendizaje y de cambio, necesarias para la evolución. 

Tener presente esta visión de las crisis es útil, porque encontramos un sentido y/o un significado dándonos cuenta de que conllevan cosas positivas y que el sufrimiento nunca es en vano. Si somos conscientes en el momento en que la estamos viviendo, esto nos ayuda a aceptarla mejor, a sentir menos dolor y a movilizar los recursos con más rapidez. 

La actual crisis sanitaria del “coronavirus”, no es una excepción; así que es aconsejable darle un significado, una comprensión válida a lo que nos esta sucediendo, y sacar nuestro potencial para aprender de ello y evolucionar. 

En este sentido, es de especial relevancia, escucharnos emocionalmente para que cada uno de nosotros encuentre su propio significado y su propia oportunidad de aprendizaje.

Con la intención de acompañaros y ayudar a motivar lo anterior; a continuación, os planteo algunas de estas oportunidades que podemos compartir, debido a todo aquello que nos unifica como seres humanos y como sociedad. 

*Aprender a PARAR y estar más con nosotros mism@s
Esta crisis nos obliga a bajar el ritmo frenético que muchos de nosotr@s llevamos y a reestructurar nuestra rutina, estableciendo prioridades y percatándonos de cuales son aquellas cosas que tienen verdadera importancia. El confinamiento nos da tiempo para atender mejor nuestro descanso, saborear mejor nuestras comidas, hacer las tareas buscando el disfrute y sin prisa… Parar y aburrirnos también nos permite incrementar la creatividad y hacer uso del humor, además de valorar la comunicación como forma de entretenimiento, acompañamiento y desahogo… Por otro lado, estar con nosotr@s mism@s facilita hacer una mirada hacia adentro para conocernos mejor, saber que queremos realmente y atender aquellas necesidades psicológicas internas que se puedan estar dando y no hayamos escuchado antes. Por ejemplo: puede suceder, que al escucharnos nos demos cuenta que no nos gusta nuestro trabajo, que tenemos muchos miedos, que hay un problema de adicción, que no compartimos nada con la pareja o que debemos cambiar la relación con nuestros hijos… En definitiva, bajar el ritmo y conectar con nosotr@s, es una forma de bajar el ruido y percibir las cosas de forma más clara. 

*Aprender la importancia de vivir en el presente
En nuestra sociedad, igual que en la crisis, todo sucede muy rápido y para tener recursos para vivirlo sanamente debemos sacar de nosotr@s la habilidad de estar mayoritariamente, en el presente, para no perdernos en la huella del pasado o en la preocupación del futuro. Este aprendizaje nos ayuda a sentirnos más tranquilos, capaces y a disfrutar más de cada momento. También, nos permite darnos cuenta del valor del TIEMPO, que en realidad es lo único que se nos concede y se nos quita sin decidirlo, lo único que se nos acaba de verdad. Cuando aprendemos esto nos responsabilizamos de lo que hacemos con él, decidiendo en qué lo invertimos, con quién lo compartimos y cómo queremos vivirlo.  

*Tomar consciencia de la necesidad de las muestras de AFECTO
Con esta crisis podemos conectar con la importancia del contacto físico entre los seres queridos, y sentir los efectos de lo que supone un abrazo, una palmada en la espalda o simplemente dar la mano o masajear al otro, cosas que nos han sido limitadas. Otras muestras de afecto, cómo el apoyo simbólico a los sanitarios, los gestos de solidaridad entre vecinos…nos vuelven a conectar en que somos seres humanos que necesitamos relacionarnos afectivamente con las personas, por què nos nutre y nos hace mejores. No es suficiente relacionarnos telemáticamente, aunque en este momento es un gran recurso. En una sociedad dónde cada vez ha cobrado más poder la individualización, las máquinas y la tecnología, hace falta volver un poco a la humanización y los afectos, y darnos cuenta que todos somos iguales en lo más profundo y esencial, rompiendo prejuicios y estereotipos

*Hacer de la comunicación un pilar esencial
Tenemos la oportunidad de aprender a sacar más partido a la comunicación, por un lado, comunicarnos más y de distinta forma dentro del marco con quien convivimos, haciendo frente y resolviendo las carencias que pueden haber, conociéndonos mejor entre nosotr@s y creando vínculos más fuertes y de calidad. Por otro lado, conectar con la importancia que tiene a nivel social dicha comunicación para sentirnos unidos, integrados, fuertes y tenidos en cuenta.

*Observar lo afortunados que somos 
Debemos fijarnos, por ejemplo, en la suerte que tenemos por la capacidad de movilidad, libertad e independencia. Aprender a ser más empáticos con los sectores sociales dependientes o vulnerables, dónde esto que a la mayoría nos parece tan difícil (como el quedarse en casa), llevan haciéndolo mucho tiempo. También lo afortunados que somos en muchas otras áreas que no habíamos valorado. Como, por ejemplo, la vida que hemos construido o sentirnos afortunados por quién tenemos a nuestro lado…

*Entender, tolerar, respetar y fomentar el agradecimiento 
Hay muchas formas de vivir, percibir y sentir la crisis; y todas ellas tienen un motivo y hay que aprender a respetarlas.  La Crisis actual nos permite conocer mejor y aceptar la verdadera naturaleza del ser humano, tenemos la oportunidad de aprender a dejar de lado el juicio, ampliar la capacidad de comprensión y entender la limitación de cada persona. Se dice que, ante las crisis, sale lo “mejor y lo peor” de cada uno. Esto nos ayudará también a saber qué personas son más importantes para nosotr@s y cuáles nos son también más sanas. En este momento lo que podemos hacer unos por otros cobra especial relevancia, por lo que nos facilita la oportunidad de ayudar a los demás y fomentar la actitud de agradecimiento, un valor que ha ido perdiendo fuerza. 

*Ser más conscientes del impacto que tenemos sobre el planeta
Por último, creo necesario mencionar, las consecuencias climáticas positivas que esta teniendo esta crisis, en tan poco tiempo. Si nos percatamos de la dimensión de nuestro impacto en la tierra, cada uno de nosotr@s puede responsabilizarse, concienciarse y sentirse motivado para poner su grano de arena y ser, como individuo y como sociedad, el gran cambio en esta lucha de urgente necesidad. 

Por Gemma Vidó, Psicóloga Integradora col.16184